Adelanto del libro Al Sur de la Utopía
Elogio del Metegol
En el año 1920, en un lugar en el que los franceses y alemanes no se ponen de acuerdo, ya que ambos se atribuyen el origen, un grupo de muchachos que no podían jugar al fútbol por cuestiones climáticas, construyó un juego de madera con una pequeña cancha simulada en una suerte de precaria maqueta; con varillas los jugadores fijos eran maniobrados por los usuarios, seguramente soñando que los estáticos muñecos algún día cobrarían vida propia y podrían hacer lo que ellos no podían, impedidos por las heladas latitudes y la lógica meteorológica boreal.
Prosperó la idea y el diseño, y hacia 1948 empresas alemanas comenzaron la producción del juego, esta vez, habilitado con fichas.
Según el interventor de Quilmes, y por un supuesto pedido de la sociedad, ese juego era nocivo, seguramente, porque parte del ritual tenía que ver con el encuentro social: algo que se buscaba evitar.
El 2 de setiembre del 78 la ordenanza 4.495, comprendida en las disposiciones del artículo primero de la ordenanza número 4.308[1], prohibía el funcionamiento de juegos mecánicos y electromecánicos: “se prohíbe el funcionamiento de los juegos denominados metegol y otros de similares características”. Se aducía en los fundamentos “la preservación de la salud moral y espiritual de los jóvenes”, argumentándose una figurada demanda de vecinos y entidades.
El régimen militar pudo bien, llevar a cabo una cantidad de aberraciones en nombre del orden, matizadas y difundidas con rimbombantes discursos que hablaban de república y libertad, en una suerte de paroxismo del absurdo generado desde un gobierno ilegítimo que decía que nadie más que ellos estaban capacitados para administrar los destinos de millones.
Algunos miembros del gobierno bien pudieron hacer desaparecer, torturar y robar en nombre de la reconstrucción nacional; mientras en la ciudad no se podía hablar de política, había enfermedades cuasi epidémicos, faltaba el agua, las calles estaban rotas, no había comunicación entre la Comuna y la gente, ni trabajo, ni futuro.
Diez iluminados explicaban como sería el devenir, y el plan económico lograba que los capitales, como los sueños de muchos se marcharan.
Sin lugar a dudas, un gran cambio se estaba llevando a cabo, por el cual cumpliríamos los designios nacionales de acuerdo al espíritu movilizador imperante dentro del occidente católico. Y claro, no podía faltar la moral, siempre presente, que como una cáscara vacía, se iba tornando fatua a la luz de quienes la declamaban.
Como parte de ese plan maestro, que no era tan maestro, salvo para siniestros entenderes, y mientras se esperaban los supuestos resultados que nunca se darían, los vecinos de la ciudad no se podían reunir para jugar al metegol, eso atentaba contra nuestro destino manifiesto.
Jorge Márquez
[1] La ordenanza 4308 de 23 de julio de 1976, firmada por el interventor Monti, prohibía el funcionamiento de juegos mecánicos y electromecánicos, ya sean de azar o de habilidad y destreza, cualquiera fuera su tipo denominación y características.

